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Mont Blanc


Se alinearon los astros para que pudieramos hacer una subida rápida desde el pueblo de Les Houches, a 1000 metros, hasta los 4810 de la cima del Mont Blanc.



Avión low cost reservado hace 7 meses desde Bilbao a Ginebra y coche compartido desde Ginebra a Les Houches hacen de este un viaje muy asequible en tiempo y dinero.

Alojamiento reservado en el precioso Chalet Savoy donde Elaine y Olivier facilitaron nuestra estancia y el conocimiento de la zona.

Atracción total por el entorno y la montaña que, desde que llegue, me imaginaba subiendo.

Previsión climatológica perfecta hicieron que, a pesar de la tranquilidad, apenas pudiera conciliar el sueño. Paciencia. Tenía que recoger mis amigos inseparables desde hace meses cuando emprendí la aventura de la Elbrus Race: bastones de ski de fondo traídos en furgoneta por Sergio y Asier. MUCHAS GRACIAS chicos!

Confianza total en mis posibilidades. Un mes muy exigente fisica y psicologicamente trabajando en la casa rural Quopiki acrecentaban mis ganas por el anhelado deseo de ver los Alpes desde su punto más alto. Por convertirme, de una vez por todas, en alpinista!

Después de la gran experiencia en la Elbrus Race me sentía preparado para afrontar un reto sin igual en mi vida: ascender 3.810 metros en una jornada.

Definido el recorrido, me tome la prudencia de preparar todo el material, analizar las últimas previsiones metereológicas y andar los primeros metros de ascensión justo el atardecer anterior.

02:45 Ya no aguantaba más en la cama, sentí la llamada de la alta montaña.
Desayuno copioso. Todo listo. Nota para la familia con los mejores deseos sabedor de que esa jornada cambiaría mi devenir. No me equivocaba.

03:30 Partía abrigado y muy cargado para mi gusto y preferencia. La seguridad primaba.
Zapatillas de media montaña, crampones de aluminio en mochila de hidratación, polainas, top triathlon 42195 con bolsillos a tope de comida, malla larga 8848, el mejor cortavientos impermeable y casco de seguridad. Material seleccionado entre muchas pruebas.

(Imagén que se actualizará con todo el material utilizado tan pronto se reuna con el gato)

10 minutos bastaron para la primera parada. Rompía a sudar y tocaba miccionar. Tenía que recomponer "definitivamente" la mochila. Apenas 1 litro de líquidos presagiaba ser escaso para tan gran aventura. Con la idea de utilizar los refugios como puntos de avituallamiento.

Primera sorpresa, tan pronto "cojo" el bosque hacia Belleveu me cruzó con much@s corredores de la prueba TDS de 119km perteneciente a la UTMB. Impresionante la imagen de los frontales en la noche dibujando perfectamente el camino a seguir.

Llego a La Chalette a 1800 metros de altitud, punto final del teleférico de Belleveu, punto de control. Próximo objetivo Le Nid d'Aigle, "el nido de águilas", a 2372 metros.

Sobre los 2000 metros dudo el camino a seguir porque los frontales de l@s corredores me "atraen", pero tengo que girar a la izquierda y seguir subiendo, para dejarlos poco a poco por debajo, dibujando imágenes de enorme belleza.

Un camino precioso marcado por puntos rojos que, débido a la inmensidad de las cascadas y la cercanía del glaciar de Bionnassay me hacen tornar y retornar en repetidas ocasiones. El cansancio comienza a aparecer.

Es momento de percibir algo de luz y el sonido estremecedor de un alud que se siente en la otra vertiente de la montaña. Los sentimientos a flor de piel. Me siento muy vivo.
Alcanzado el "nido de águilas", en penumbra y con muchas dudas subo, todavia en solitario hasta donde me encuentro el primer guarda. Supongo que es "Baraque Forostiere des Rognes" a 2760 metros.

Me reorienta en mi camino y nos despedimos con un "Have a nice day". Quiero volar!

Con molestias inusitadas por la acumulación de cansancio llego a Tete Rouse a 3132 metros, lugar donde el día y sus inquilinos amanecen.

Primer contacto con nieve helada y asentada, opto por no ponerme los crampones sabedor del pedregal que me espera. Ya sin los puntos rojos pierdo la "huella" y busco el camino más vértical. Comienzo a escalar visualizando a la derecha el próximo objetivo "L'Aig du Gouter" a 3810 metros.

Dudo pensando si he pasado ya el punto más peligroso de la vía normal, comumente llamada como "la bolera". Después de  retroceder en mi escalada antes de un punto de no retorno, bajo por una canal y un "halcón" me avisa de mi atrevimiento.

Pavor! no es un halcón. Estoy en la trayectoria de la primera piedra que ha caído como un misil. Una china a esa velocidad sería mortal.

Estado de alerta 5. Toca abandonar el lugar siendo una zona muy delicada de piedra suelta y gran inclinación, no hay duda estoy "en la bolera".

Ninguna piedra, por primera que sea, suele caer solo. Con nervios y tras guarecerme cuerpo a tierra de la segunda, consiguo volver a la ruta, ahora si, ya poblada.

Considero "la bolera" pasada, aun siendo por un punto no muy correcto.

Tras nueva escaladas facilitadas por alambres fijos, llego al refugio de Gouter. Por primera vez oigo hablar en mi idioma materno a un grupo que desciende: "¿qué tal esta la ruta? - Perfecta, lo único que hay una grieta grande que ya han equipado". Me despiden con un giro de mochila que acaba con el duro mango del piolet en mi cabeza.

Me tocó y pienso ¿Sangró? NO! estoy decidido a subir. Inmediatamente aparece el segundo guarda. "Where do you go? - To the summit!!!". Le digo muy decidido, y para evitar "charlas" le pregunto. "Where could a take a coffee?" (Dónde podría tomar un café?).

Contento, muy contecto. Es momento de desplegar armas. El día es excepcional. El cansancio tendrá que esperar. El cafe tambien. Quiero subir cuanto antes. Antes de que la nieve-hielo se convierta en "granizado".

El terreno esta perfecto para mi material. Crampones y bastones. Opto por asegurarlos bien durante 10-15 minutos, después de observar con detenimiento a los que bajan, no me pondré polainas. Lo veo muy bien y no hace frio. Comparado a los -25ºC del Elbrus este clima me parece muy benevolo.

La ruta es preciosa, las vistas sobrecogedoras. Una película en muy alta definición. Subó muy contento deleitandomente con imágenes como las del Cervino, lejos en la distancia y ya por debajo de mis pies.

Preparado para lo peor, me sorprende el escaso "tráfico" que gestiono muy bien.

Aristas que parecen pasillos que llevan directamente hacia el cielo. Llanos que hago sin descanso. No me imaginaba tanta belleza. Vislumbro muchas montañas. Mucho horizonte lejano. Ni una nube en cientos de kilómetros. El espectáculo es sublime.

Apenas cuento con agua y comienzo a llenar un bidón para descongelar. Sin duda, me hará mucha falta. En la ascensión veo escenas de todo tipo. Me sorprende la diversidad de personas y, en muchos casos, su escasa forma física incluso sobrepeso. Much@s con guías y encordad@s. Voy sólo y me siento muy seguro. Me siento observado e incluso "rechazado". Sin embargo, hay personas que me "prestán" sus palabras. Un guía me da conocimiento de lo que cada vez soy más consciente: he elegido el día perfecto para lo que estoy haciendo. 100% de acierto en el material elegido.

Nivel de concentración muy elevado. En las aristas la ruta es estrecha y no permite el más mínimo error. Aseguro cada uno de mis pasos. Clavo crampones y bastones. 4 puntos de fijación, no menos de 2 siempre en el suelo.

Para adelantar a un grupo asciendo por una línea muy vértical y a mi golpe de bastón se unde la nieve haciendo visible una pequeña grieta. Retrocedo. Me acuerdo del mejor curso de mi vida: Curso iniciación alta montaña. Analizo todo con detenimiento. Un resbalón, un traspies que casi acaba con la vida del único "solitario" que me encuentro.

Tercer, cuarto, quinto, sexto guarda. Considero la ruta muy asegurada. Prosigo con mi paso firme prevaleciendo la seguridad. No miro abajo. Tengo la sensación de que el vértigo se apoderaría de mi. Sigo, sigo y sigo subiendo. Montaña sobre montaña. Blanco sobre blanco. Aristas y más metros de aristas. Lo voy a conseguir. "Almost you there!" (Casi lo tienes). Me jalea una pareja que baja.

Lo he conseguido y no tengo con quién celebrarlo. No hace falta. Quiero bajar para decir a mi familia que estoy bien.

Bajando corro y disfruto. Ya deshidratado apenas puedo andar de modo continuo y vuelvo a coger nieve para descongelar. En que poco se queda. Qué bien sabe!

Después de quitarme los crampones, el descenso de roca se me hace interminable. Muy duro, muy cansado. Sin descanso decido continuar a Le Nid d'Angle. Cogeré el tren del Mont Blanc que me llevará a Belleveu. A lo lejos oigo un pitido, se marcha el tren. Comienzo a ver "turistas" y pienso que no será el último. Tienen que volver :).

Estoy  agotado. Deliro. No pienso volver a hacer este tipo de subidas tan exigentes. Si tuviera dinero llamaría a un helicoptero. Me replanteo mis próximos retos. Estoy sufriendo en demasia.

31,80 € por un trayecto precioso que me encantaría hacer corriendo pero no tengo fuerzas ni parar ir a tomar un café al refugio que apenas se encuentra a 150 metros.

1,5 litros de agua y una tumbada de 50 minutos esperando el próximo tren me hacen cambiar mi estado de animo. Me siento muy afortunado por el mero hecho de pensar hacer algo así (MONT BLANC 29.08.2014 "corriendo") y además de conseguirlo! Casi no me lo creo.

Llego a Belleveu y cojo el teleférico que en apenas 5 minutos me deja en los brazos de mi familia. Cerveza celebración, cambio de ropa y ya me siento como nuevo.

He conseguido subir 3.800 metros y, sobretodo, romper con la rutina de una vida que me "aprisiona". La libertad de la naturaleza. La esencia de mi ser. Sueño con volverlo a hacer en otras latitudes y en otras montañas.

Me he enamorado. Por mis venas corre sangre renovada, la de la alta montaña. Seguiré mis ansias, me prepararé a conciencia, porque tengo ganas de subir más.

Próximo objetivo ya definido:

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